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Ciberresiliencia: la clave para la supervivencia empresarial
POR Santiago Campuzano, miembro de la Junta Directiva de la Asociación @aslan, 26-01-2026 13:30:00

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Los ciberataques son inevitables y cada vez son más sofisticados, entre otras cuestiones por el desarrollo de la IA. Teniendo esto en cuenta, la cuestión no es si una empresa será atacada, sino cuándo y cómo responderá. La ciberresiliencia es la capacidad no solo de prevenir, sino de recuperarse con rapidez y eficacia ante un ataque y se ha convertido hoy en un pilar estratégico para garantizar la continuidad del negocio. ¿Por qué la ciberresiliencia debe estar en el ADN corporativo? ¿Qué riesgos afrontan las organizaciones? ¿Cómo construir una estrategia que minimice el impacto económico y reputacional?

En una era marcada por la hiperconectividad y la digitalización, las empresas, sin importar su tamaño o sector, dependen de datos, sistemas y procesos digitales en sus operaciones y procesos. Esta dependencia digital las hace más competitivas, pero también más vulnerables ante a ciberataques cada vez más sofisticados. La pregunta que todo directivo debe hacerse es si su empresa está preparada para anticiparse y, sobre todo, para recuperarse sin comprometer la continuidad de su negocio.

Durante años, la estrategia de protección se ha centrado en el backup tradicional: almacenar copias de seguridad y recuperarlas en caso de pérdida. Esta visión hoy es insuficiente. Los atacantes han evolucionado y ya no buscan únicamente cifrar datos y exigir un rescate. En estos momentos, los ataques no siempre son frontales: buscan infiltrarse silenciosamente, comprometer sistemas y dejar inutilizables los backups antes de que se detecten.

Editorial Santiago Campuzano, miembro de la Junta Directiva de la Asociación @aslan

Según el informe Ransomware Report, el 69% de las organizaciones en España y Europa sufrió al menos un ciberataque en los últimos doce meses. De ellas, solo un 10% logró recuperar más del 90% de sus datos, mientras que un 57% recuperó menos de la mitad. 

Estos datos evidencian que, aunque se están adoptando cada vez más buenas prácticas, el éxito en la recuperación completa sigue siendo limitado. 

La ciberresiliencia implica anticipación, reacción y continuidad. Esto requiere combinar tecnología, procesos y cultura corporativa. ¿Por qué es tan crítico? Porque los efectos de un ciberataque van mucho más allá del rescate económico. Se pueden identificar tres tipos de impactos que suelen coexistir:

1. Operacional: interrupciones prolongadas, pérdida de productividad y facturación.

2. Legal: sanciones regulatorias y demandas por incumplimiento normativo.

3. Reputacional: pérdida de confianza de clientes y socios, que puede prolongarse durante años.

La suma de estos tres ciberriesgos genera una derivada por la posible afectación a la competitividad, la pérdida de clientes o la necesidad de inversiones adicionales para reforzar la seguridad, lo que eleva aún más el coste económico total.

Según datos del informe Coveware, el rescate medio exigido por ataques de exfiltración alcanzó 1,13 millones de dólares en 2025, duplicando las cifras del año anterior. Pero este dato es solo la punta del iceberg: el verdadero coste se mide en continuidad y supervivencia. 

¿Dónde poner el foco?

La respuesta es clara: en garantizar la continuidad del negocio. Para ello, la ciberresiliencia debe integrarse en la política estratégica de la organización, no limitarse a un proyecto del departamento IT. Los pilares fundamentales son:

- Protección de datos como activo estratégico: los datos son el corazón de la operación. Con entornos híbridos y cloud, es imprescindible saber dónde están, cómo se protegen y con qué grado de recuperación contamos. La protección debe evolucionar acorde al nivel de innovación de la organización.

- Orquestación de la respuesta: no basta con tener copias; hay que contar con procesos robustos de detección, contingencia y recuperación. Las soluciones deben permitir restaurar cargas de trabajo con agilidad, incluso en entornos distribuidos.

- Enfoque integral: seguridad, recuperación, visibilidad, automatización y gobernanza deben trabajar de forma coordinada. La resiliencia no depende solo de la tecnología, sino de cómo la empresa adopta, integra y gestiona estos elementos.

- Factor humano y organizativo: es esencial sensibilizar a la dirección y al equipo, probar los planes de recuperación y alinear a toda la compañía bajo la premisa de que la ciberresiliencia es un asunto de negocio. No es responsabilidad exclusiva del departamento IT. Es una prioridad estratégica que debe formar parte del ADN empresarial.

Además, la irrupción de la inteligencia artificial añade una nueva dimensión y prioridad.

La IA genera grandes oportunidades, pero también obliga a ampliar la estrategia dentro de las compañías. Los CIO empiezan a formar parte de los consejos de administración y la IA se convierte en un elemento transversal. Todo ello, unido a la transformación digital crea un nuevo desafío: gestionar la privacidad y seguridad de datos.

Hoy la ciberresiliencia no es una opción, es una obligación. Los directivos que la integren en su estrategia corporativa harán que sus compañías estén mejor preparadas para afrontar un entorno incierto y hostil, donde la velocidad de recuperación es tan crítica como la prevención.

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