Los contactos personales o familiares son la principal vía de acceso al primer empleo para la Generación Z (21,8%), seguido de los portales de empleo y plataformas digitales (17,8%) o las prácticas que derivan en contratación (17,2%)
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La búsqueda incondicional del ascenso y la acumulación de horas de trabajo han dejado de ser el motor principal para las nuevas generaciones de profesionales. La Generación Z está transformando las dinámicas del mercado de trabajo al situar el bienestar emocional, la conciliación, la estabilidad y el propósito profesional en la cima de sus prioridades de carrera. Así lo evidencia el informe 'Generación Z: ¿Qué busca en su carrera profesional?', elaborado por la multinacional de soluciones de Recursos Humanos Gi Group Holding, que analiza la incorporación y experiencia de los centennials en el entorno laboral.
El estudio refleja que esta cohorte accede al mercado en un contexto marcado por la incertidumbre y la exigencia: el 45,2% de los jóvenes califica el entorno laboral de precario y un 43,1% sostiene que conseguir un empleo continúa siendo especialmente difícil. Además, el 38,4% opina que las opciones reales de desarrollo a largo plazo son escasas.
Sobre esta realidad, Silvia Martínez, People & Culture Director de Gi Group Holding, destaca: "La Generación Z no está cuestionando el valor del trabajo, sino las condiciones en las que quiere desarrollarlo. Los datos muestran que busca estabilidad, crecimiento y bienestar, algo que en realidad conecta con aspiraciones compartidas por profesionales de cualquier generación. El reto para las empresas pasa por responder a esas expectativas con mayor transparencia, coherencia y propuestas de valor creíbles".
Esta percepción de precariedad ha acentuado la selectividad de los jóvenes frente a las ofertas de empleo. Prácticamente dos de cada tres centennials (65,7%) afirman haber rechazado al menos una propuesta laboral en el último año. Los motivos principales para descartar una vacante son los horarios incompatibles con la vida personal (23,7%), los sueldos insuficientes (19,8%) y la falta de estabilidad (16,4%).
Paralelamente, la concepción tradicional de permanencia a largo plazo en una misma organización pierde fuerza. La fidelidad empresarial ya no se concede de forma incondicional, sino que está condicionada al clima de trabajo y a las oportunidades reales que ofrece el empleador:
Incentivos para el cambio: El 51,8% cambiaría de compañía motivado por un salario más competitivo, el 42,4% lo haría por mejores perspectivas de desarrollo profesional y casi 4 de cada 10 daría el paso en busca de mayor estabilidad.
El teletrabajo no es determinante: Únicamente un 16,5% se plantearía cambiar de empresa por la ausencia de opciones de trabajo remoto u holístico, posicionándose como el factor menos decisivo para dar el salto a otra organización.
Cultura interna y liderazgo: Un 20% de los jóvenes afirma que abandonaría su puesto actual debido a un ambiente tóxico, una deficiente comunicación interna o una gestión de liderazgo inadecuada.
Pese a la digitalización de los procesos de reclutamiento, las relaciones personales siguen siendo la principal vía de inserción. El 21,8% de los jóvenes accedió a su primer empleo remunerado gracias a su red de contactos personales o familiares, superando a los portales de empleo y plataformas digitales (17,8%) y a las prácticas formativas con contratación posterior (17,2%).
El análisis muestra diferencias significativas según el género en las vías de entrada al mercado:
Mujeres: Recurren principalmente a los contactos personales (23,6%) y a las plataformas digitales (20%).
Hombres: Acceden en mayor proporción a través de prácticas que derivan en contrato (19,7%), candidaturas espontáneas directas (12%) y consultoras de RR.HH. (9,1%).
La inmersión en el entorno laboral genera cierto desencanto entre los jóvenes respecto a sus expectativas previas: un 15,7% reconoce que no tenía una visión clara antes de empezar, el 12,8% esperaba una mayor compatibilidad con su vida privada y un 12,5% aguardaba más estabilidad de la encontrada.
Esta brecha afecta también al ritmo percibido en su evolución profesional. El 65,6% siente que su desarrollo avanza más despacio de lo previsto —con un 40,3% que percibe lentitud y un 25% que se siente estancado—, mientras que solo un 12,9% considera que su trayectoria avanza con rapidez.
A pesar de estos frenos, las primeras experiencias laborales aportan aprendizajes clave que trascienden lo técnico. Entre las competencias más valoradas adquiridas en el puesto destacan el trabajo en equipo (43%), la gestión de relaciones con clientes o usuarios (36,4%) y la capacidad de adaptación a entornos cambiantes (34,9%).
El informe de Gi Group Holding constata que la definición de éxito profesional ha evolucionado. Aunque percibir un sueldo acorde con las responsabilidades sigue liderando las prioridades (47,6%), otros aspectos ligados a la calidad de vida han alcanzado un peso decisivo:
Estabilidad laboral: Prioritaria para el 45,8% de los jóvenes.
Tiempo personal: Crucial para el 45,4%.
Salud mental y bienestar: Indispensables para el 44,6%.
Propósito profesional: El 36,5% considera imprescindible que su trabajo tenga un sentido claro.
Estas prioridades se intensifican al analizar los datos por género. Las mujeres centennials otorgan un valor superior a la estabilidad, la conciliación y la salud mental como pilares de su carrera; de hecho, más de la mitad de ellas (51,4%) sitúa el bienestar emocional como un elemento prioritario, frente al 38,2% registrado en el caso de los hombres.
"Uno de los cambios más relevantes que observamos es que el éxito profesional ya no se mide únicamente en términos de salario o ascenso. La conciliación, la salud mental o la estabilidad han adquirido un peso similar en la toma de decisiones. Las organizaciones que comprendan esta evolución estarán mejor preparadas para atraer, comprometer y fidelizar el talento joven", Silvia Martínez, People & Culture Director de Gi Group Holding.
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