Durante el cambio de estaciones, los profesionales pueden mostrar desajustes que se confunden con falta de compromiso en lugar de un proceso de adaptación.
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Con la llegada de la primavera y el cambio de hora, algunas organizaciones empiezan a detectar pequeñas variaciones en el ritmo de sus equipos que, si no se interpretan y gestionan adecuadamente, pueden acabar teniendo impacto en el rendimiento del día a día. Son señales sutiles en la dinámica de trabajo, como ligeras fluctuaciones de concentración, propias de periodos de transición estacional, que requieren una lectura más fina por parte de los equipos de recursos humanos para evitar interpretaciones erróneas.
Durante estas semanas, es habitual que aumenten los pequeños desajustes del día a día: pueden incrementarse los errores, alargarse los tiempos de respuesta o percibirse una menor implicación en determinadas dinámicas de trabajo. El riesgo está en interpretar estos cambios como una pérdida de compromiso, cuando en realidad responden a un momento puntual de adaptación dentro del ciclo estacional, lo que puede acabar generando una presión innecesaria en los equipos por mantener niveles de exigencia constantes. De hecho, según el Cigna Healthcare International Health Study, el 26% de los españoles reconoce que el estrés les dificulta concentrarse en sus tareas, y el 14% admite que reduce su rendimiento laboral.
"Las empresas tienen un papel fundamental en estos periodos, no tanto en cambiar su operativa, sino en ajustar cómo se interpretan y gestionan las señales del día a día dentro de los equipos. Evitar lecturas inmediatas del rendimiento, reducir el ruido en la toma de decisiones y centrarse en aspectos relevantes permite no reaccionar de forma automática ante variaciones puntuales del ritmo de trabajo. En este contexto, cada vez más organizaciones están incorporando este tipo de situaciones dentro de sus planes de bienestar, como un marco que permite alinear expectativas internas y mejorar la calidad de la gestión de equipos cuando el ritmo de trabajo no es completamente estable", señala Amira Bueno, directora de Recursos Humanos de Cigna Healthcare España.

Bajo esta premisa, los expertos de Cigna Healthcare España destacan algunas de las mejores medidas que pueden implementar las empresas para acompañar a sus equipos en estos momentos de cambio estacional:
· Integrar el bienestar como parte del diseño del entorno de trabajo - Activar hábitos que conecten bienestar físico y equilibrio emocional dentro del entorno laboral adquiere especial relevancia en los cambios de estación, cuando los niveles de energía tienden a volverse más irregulares. Se trata de crear un entorno que facilite la gestión de la energía y del estrés diario mediante medidas sencillas pero efectivas, como espacios de trabajo bien iluminados, zonas de descanso que permitan desconectar brevemente, ambientes que reduzcan el ruido y las distracciones, o dinámicas que favorezcan la colaboración y la comunicación positiva entre los equipos.
· Activar los programas de bienestar existentes como un sistema de uso efectivo - Dar visibilidad a los programas de bienestar ya disponibles implica asumir que el reto ya está dentro del día a día de la organización. En este sentido, la lógica debería desplazarse hacia un modelo en el que los recursos vinculados a la gestión del estrés, la energía o el equilibrio emocional no funcionen como herramientas accesorias, sino como parte del funcionamiento habitual del trabajo. Solo cuando estos programas se integran de forma constante en la dinámica diaria se convierten en un verdadero mecanismo de prevención frente a situaciones de desgaste progresivo.
· Seguir la regla de la pausa, la desconexión y la reactivación - Fomentar pausas y descansos de calidad dentro de la jornada implica consolidar una cultura en la que desconectar puntualmente no se perciba como una pérdida de tiempo, sino como una herramienta para sostener el rendimiento. En este sentido, la pausa permite reducir la acumulación de fatiga, la desconexión facilita recuperar la atención y la reactivación contribuye a retomar las tareas con mayor claridad y capacidad de concentración. Todo ello contribuye a mantener un rendimiento más estable a lo largo del día y a prevenir situaciones de desgaste progresivo.
· Del 'busywork' al 'smartpacing' del trabajo diario - Aplicar flexibilidad en la gestión del día a día no como una medida puntual, sino como una forma de ajustar el ritmo real de los equipos a la carga efectiva de cada momento, ayuda a mejorar la respuesta ante cambios de prioridad y a equilibrar mejor el esfuerzo en función de la realidad operativa. No todas las jornadas exigen el mismo nivel de intensidad ni el mismo tipo de concentración, y reconocer esa variabilidad permite evitar acumulaciones innecesarias de presión, mejorar la planificación y reducir errores derivados de la saturación. Bajo este enfoque de smartpacing, el trabajo deja de organizarse en bloques rígidos y pasa a estructurarse según la energía disponible y la naturaleza de las tareas.
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