La entrada en vigor de la primera ley de IA de la Unión Europea en agosto de 2026 marcará un punto de inflexión en términos de transparencia, supervisión y control de los sistemas automatizados.
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El uso de IA generativa entre profesionales se ha duplicado en solo dos años, pasando del 34% en 2024 al 62% en 2026, tal y como revelan los datos de la Guía del Mercado Laboral de 2026 de Hays, líder global en selección y soluciones de recursos humanos. En paralelo, el fomento de las organizaciones también avanza de forma notoria. Si en 2024 solo el 27% promovía activamente el uso de la IA, en 2026 la cifra asciende al 52%. Este fenómeno refleja una integración progresiva en áreas más allá de la tecnología.
“Es un hecho que la IA ha llegado para quedarse y que ya no es una opción ignorarla en el entorno corporativo. Se percibe como una palanca directa de competitividad, y las empresas que no aceleren su adopción ahora se quedarán atrás en muy poco tiempo”, afirma Silvia Piqueras, directora de Perm & Outsourced Services de Hays España.
La Guía de Hays muestra un consenso claro entre empresas y profesionales sobre los principales beneficios de la inteligencia artificial generativa. Ambos coinciden en que su mayor aportación se encuentra en la mejora de la productividad y la eficiencia, señalada por el 67% de las empresas y el 64% de los profesionales. “Más allá de hacer las cosas de forma más ágil y eficiente, estamos hablando de hacerlas mejor y a mayor escala. Esto se traduce en una auténtica revolución en la forma en que se entiende y se organiza el trabajo”, señala Piqueras.
A cierta distancia aparecen la generación de ideas y la creatividad, valoradas por el 52% de las compañías y el 48% de los trabajadores, seguidas del análisis de datos, considerado un apoyo clave por el 49% de las empresas y el 39% de los profesionales.
Pese a ello, el estudio apunta a un matiz relevante: la percepción sobre la calidad del trabajo ha descendido ligeramente, lo que sugiere que la velocidad de adopción no siempre va acompañada de una madurez equivalente en su aplicación.
Uno de los principales desafíos que identifica la Guía del Mercado Laboral 2026 de Hays es la distancia entre el interés por formarse en IA y la formación real recibida. Aunque el 90% de los profesionales declara estar dispuesto a capacitarse en estas herramientas y el 84% de las empresas muestra interés en promoverlo, solo el 27% de los trabajadores ha recibido formación específica por parte de su organización.
El dato refleja un ecosistema en transición, donde la iniciativa individual empieza a ganar peso. De hecho, un 19% de los profesionales reconoce haber aprendido a utilizar estas herramientas de forma completamente autodidacta.
Tal y como afirma la directora, “muchas organizaciones están invirtiendo en tecnología de última generación sin haber preparado antes a sus equipos. Esa desconexión entre las herramientas disponibles y su uso real ya está generando ineficiencias y dejando oportunidades de crecer en todos los aspectos por el camino.”

Lejos de los escenarios más disruptivos, desde la consultora de recursos humanos apuntan a una evolución más gradual del mercado laboral. El 57% de las empresas afirma que la inteligencia artificial no ha modificado el tamaño de sus plantillas, mientras que un 24% incluso ha detectado un aumento de oportunidades laborales asociado a su implantación. “Actualmente lo que estamos viendo es más una transformación de tareas que una desaparición de puestos. La IA se está integrando como una herramienta más en el día a día, no como un sustituto directo”, señala Piqueras.
De cara al futuro, no obstante, las expectativas se dividen. Un 26% de las organizaciones cree que la IA generará más empleo del que eliminará, frente a un 35% que anticipa el escenario contrario, lo que refleja un momento de incertidumbre sobre el equilibrio final de su impacto en las plantillas.
En este contexto, la IA y la automatización de procesos ya se sitúan como la segunda habilidad técnica más demandada por las empresas, presente en el 29% de las ofertas analizadas, especialmente en sectores como banca, seguros y atención al cliente, donde ya se están redefiniendo funciones críticas.
El avance de la inteligencia artificial no está exento de retos en materia de ética y regulación. La entrada en vigor de la primera ley de IA de la Unión Europea en agosto de 2026 marcará un punto de inflexión en términos de transparencia, supervisión y control de los sistemas automatizados.
En este sentido, desde Hays refuerzan de la importancia de gestionar adecuadamente este proceso de transformación. “El reto no es solo ya implementar la IA, sino hacerlo con criterio. Se trata de integrarla de forma responsable en los procesos, sin desplazar el papel de las personas, sino potenciando sus capacidades y mejorando así la toma de decisiones”, concluye la directora.
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