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En los últimos años, el perfil del directivo ha evolucionado. Ya no basta con una trayectoria sólida o una buena formación académica. En un entorno cada vez más exigente, las compañías buscan algo más difícil de medir: la capacidad de sostener el rendimiento en el tiempo.
En este contexto, el deporte está ganando protagonismo como un indicador indirecto, pero cada vez más relevante.
No se trata de que las empresas busquen atletas profesionales, sino de entender qué hay detrás de aquellas personas que integran el deporte en su estilo de vida, especialmente cuando implica constancia, esfuerzo y objetivos exigentes.

Según informes como los del World Economic Forum o Deloitte, las habilidades más demandadas hoy van más allá de lo técnico.
Se valoran competencias como la resiliencia, la adaptabilidad, la disciplina o la tolerancia al estrés. Son las llamadas power skills, y tienen algo en común: son difíciles de evaluar en una entrevista.
Aquí es donde en Impulsa45+ vemos que el deporte aporta valor, ya que exige desarrollar estas capacidades de forma práctica y sostenida en el tiempo.
El paralelismo es claro. Tanto en el deporte como en la empresa es necesario gestionar la presión, mantener el foco, tomar decisiones en situaciones complejas y sostener el esfuerzo sin recompensas inmediatas.
Por eso, cada vez más departamentos de recursos humanos empiezan a ver el deporte como un indicador interesante del comportamiento real de una persona en contextos exigentes, y es por esta razón por la que en Impulsa45+ constituye un eje clave de nuestro modelo de acompañamiento.
La relación entre actividad física y rendimiento cognitivo está respaldada por la ciencia.
Publicaciones como Harvard Business Review destacan que el ejercicio mejora la toma de decisiones, la concentración y la productividad, mientras que estudios de Stanford University apuntan a una mejor regulación emocional y resistencia mental. En entornos de alta presión, estas capacidades son clave.
El liderazgo actual no se define solo por los resultados, sino por la capacidad de mantenerlos en el tiempo. El deporte, cuando se practica con compromiso, se convierte en un espacio donde estas habilidades se desarrollan de forma natural.
Por eso, cada vez más empresas empiezan a prestarle atención. No como un factor determinante, pero sí como una señal real de cómo una persona gestiona el esfuerzo, la presión y la constancia
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