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Jornadas prolongadas, presión constante, dificultad para desconectar, multitarea o sensación de exigencia permanente forman parte del día a día de muchas personas. En un contexto en el que el estrés laboral se ha normalizado, MyBrain pone el foco en una realidad cada vez más relevante: el impacto de la sobrecarga crónica en la salud cerebral.

Lejos de ser una molestia puntual, el estrés sostenido puede afectar a funciones cerebrales clave como la memoria, la atención, la concentración, el sueño o la regulación emocional. La dimensión del problema también se refleja en los datos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advertía ya en 2024 de que entornos laborales con cargas excesivas de trabajo, bajo control sobre el trabajo o inseguridad laboral suponen un riesgo para la salud mental, y estima que cada año se pierden 12.000 millones de días de trabajo por depresión y ansiedad, con un coste de 1.000 millones de dólares en productividad. Por su parte, el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) señala, a partir de datos de 2025 de Eurostat, que el estrés es el segundo problema de salud más frecuente entre las personas trabajadoras, solo por detrás de los trastornos musculoesqueléticos.
El impacto del estrés laboral no siempre se manifiesta de forma inmediata ni evidente. En muchos casos, comienza con señales que se banalizan o se incorporan a la rutina: dificultad para concentrarse, olvidos frecuentes, irritabilidad, fatiga mental, insomnio o sensación de agotamiento incluso después de descansar.
Desde MyBrain subrayan que este desgaste no debe interpretarse únicamente desde la óptica del rendimiento profesional. La hiperactivación continuada, la falta de recuperación y la presión sostenida pueden interferir en procesos cognitivos básicos y favorecer la aparición de síntomas como ansiedad, fatiga mental, alteraciones del sueño, dificultades de concentración o agotamiento emocional. Estos síntomas, cuando se mantienen en el tiempo y no se abordan adecuadamente, pueden formar parte de cuadros de mayor afectación vinculados al estrés laboral crónico, como el burnout.
En este contexto, MyBrain trabaja con tratamientos no invasivos como la estimulación magnética transcraneal y la estimulación eléctrica transcraneal, orientados a abordar manifestaciones como la ansiedad, la fatiga mental, las alteraciones del sueño o las dificultades de concentración, siempre tras una valoración clínica personalizada.
Frente a una cultura que a menudo premia la disponibilidad constante y la productividad sin pausa, MyBrain reivindica una mirada preventiva sobre la salud cerebral en el entorno laboral. El objetivo no es esperar a que aparezca un cuadro grave, sino incorporar estrategias de cuidado que ayuden a proteger el cerebro antes de llegar al agotamiento.
En este sentido, el centro defiende la importancia de integrar la salud cerebral en la conversación sobre bienestar laboral, entendiendo que cuidar el cerebro no es solo una cuestión clínica, sino también una forma de preservar la atención, el descanso, la claridad mental y la calidad de vida. Como explica el Dr. Francisco Mira Berenguer, director médico de MyBrain, “el cerebro determina cómo vivimos, sentimos, dormimos o recordamos. No deberíamos esperar a que falle para cuidarlo, sino que debería ser un proceso continuo que se iniciase desde la infancia”.
MyBrain trabaja desde un enfoque integral y personalizado que tiene en cuenta tanto los síntomas emocionales como su impacto sobre el funcionamiento cerebral. Su modelo combina evaluación clínica y herramientas terapéuticas no invasivas para acompañar situaciones relacionadas con el estrés, la ansiedad, la fatiga mental, las alteraciones del sueño o la pérdida de rendimiento cognitivo, siempre desde una gestión honesta de expectativas y con foco en la calidad de vida.
Con esta aproximación, el centro quiere contribuir a una conversación social más amplia sobre el coste invisible del estrés laboral y sobre la necesidad de cuidar el cerebro también en el trabajo. Porque prevenir el burnout no empieza cuando una persona ya no puede más, sino mucho antes: cuando se reconoce que la salud cerebral también forma parte del bienestar laboral.
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