Al tiempo que se consolida la sostenibilidad como vector de reporte y cumplimiento en la estrategia empresarial, existen todavía brechas relevantes en la integración de los criterios ESG en los espacios de trabajo: gobernanza, innovación, cultura y liderazgo sostenibles, transformación del modelo de negocio y del ecosistema de relaciones de la empresa.
AltoDirectivo
La sostenibilidad se ha consolidado definitivamente en la agenda estratégica de las corporaciones españolas. Sin embargo, el verdadero desafío actual no reside en la declaración de intenciones, sino en la velocidad a la que estas ambiciones se trasladan a la cultura interna y a la rutina diaria de los centros de trabajo.
Esta es la principal conclusión que arroja la segunda edición del Barómetro Esade-ISS de la Sostenibilidad en el Workplace, un documento elaborado de forma conjunta por el Instituto de Innovación Social de Esade e ISS Iberia. El informe pone el foco en una brecha evidente: el desfase entre la relevancia teórica que las organizaciones otorgan a los criterios ESG y su aplicación práctica en los espacios de trabajo.
Un dato ilustra con claridad el avance en términos de gobernanza: el 70% de los directivos de sostenibilidad ya reporta de forma directa al primer ejecutivo (CEO) de la compañía, un incremento sustancial frente al 45% que se registraba en 2024. Este cambio demuestra que el área ESG ha dejado de ser un departamento periférico para ocupar un lugar central en la toma de decisiones. No obstante, esta evolución estructural no se está traduciendo al mismo ritmo en transformaciones reales dentro de la cultura de las empresas, el estilo de liderazgo, el bienestar laboral o las políticas efectivas de diversidad e inclusión.

Para comprender el impacto de esta desconexión, los autores e impulsores del estudio enfatizan la necesidad de humanizar y tangibilizar los planes corporativos.
Sonia Ruiz, investigadora del Instituto de Innovación Social de Esade y autora del informe, destaca que "el workplace es uno de los espacios más transparentes de una organización y el indicador más honesto que nos muestra qué prioriza realmente una empresa. En un contexto de disrupción extrema en el que todo conspira a favor del cortoplacismo, las empresas que entiendan que el workplace es su activo estratégico más tangible serán las que estén mejor posicionadas para liderar la transformación sostenible que el momento actual exige".
Por su parte, desde la perspectiva empresarial, Eulalia Devesa, directora de Sostenibilidad Social de ISS Iberia, señala que "las empresas debemos trabajar para que la sostenibilidad deje de ser un concepto abstracto y se convierta en una parte real de nuestra cultura, nuestras decisiones y nuestros servicios. Por ello, en ISS la hemos integrado en nuestro ADN: ponemos a las personas en el centro y construimos un workplace verdaderamente sostenible, que cuida y aporta valor a quienes lo utilizan cada día".
El análisis global revela que las empresas se encuentran en una etapa crítica en la que deben transitar urgentemente de la ambición a la acción en un entorno volátil. Aunque se aprecian progresos sectoriales, persisten brechas que limitan el impacto real:
Dimensión Ambiental: La eficiencia energética y el uso de energías renovables se consolidan como prioridades asentadas. Asimismo, la gestión del agua gana un peso notable debido a la crisis hídrica que afronta España. Sin embargo, la economía circular refleja la dificultad de pasar de la teoría a la práctica: a pesar de que el 89% de las empresas reconoce su importancia, solo un 59% la ha implementado de forma efectiva.
Dimensión Social: La diversidad, la equidad y la inclusión encabezan las prioridades teóricas. A pesar de ello, existe una distancia considerable entre el reconocimiento de su valor y el desarrollo de políticas que logren transformar culturalmente el espacio de trabajo. Adicionalmente, la gestión ética y sostenible de la cadena de valor se mantiene como una tarea pendiente, evidenciando las dificultades de las compañías para proyectar sus compromisos ESG más allá de su propio perímetro.
Gobernanza: En muchas estructuras organizativas, la sostenibilidad se sigue interpretando bajo un prisma de mero cumplimiento normativo, en lugar de utilizarse como una herramienta estratégica de anticipación o como el motor de la cultura corporativa.

El Barómetro identifica cinco fricciones clave que marcarán el rumbo de los entornos laborales durante los próximos años, respaldadas por métricas que exponen la dimensión del reto:
1. Modelos híbridos sin madurar
A pesar de la extensión del trabajo no presencial, menos del 45% de las compañías dispone de una política formal de trabajo híbrido. Además, tres de cada cuatro organizaciones admiten no haber capacitado a sus mandos intermedios y líderes para gestionar estos entornos de manera óptima.
2. Expectativas frente a realidades en Inteligencia Artificial
La tecnología avanza rápido, pero su impacto real en el negocio es aún incipiente: solo una de cada 50 inversiones realizadas en IA consigue generar un valor verdaderamente transformador para la compañía.
3. Erosión de la confianza en el liderazgo
Existe una desconexión de confianza entre las plantillas y la dirección. Únicamente el 16% de los profesionales confía plenamente en que sus líderes adoptan las decisiones correctas para el bienestar de sus equipos.
4. Crisis de compromiso y bienestar
El desapego laboral se confirma como un problema estructural de primer orden: el 79% de los trabajadores encuestados reconoce no sentirse comprometido con su organización.
5. El valor de las habilidades puramente humanas
En un ecosistema cada vez más automatizado y tecnológico, las competencias que marcan la diferencia y que no pueden ser replicadas por algoritmos son la empatía, la creatividad, el pensamiento crítico y la capacidad innata de construir relaciones de confianza.
Para reducir la distancia entre los objetivos declarados y la realidad de los centros de trabajo, el informe propone un decálogo enfocado en el liderazgo transformador, destacando las siguientes directrices esenciales:
Gobernanza real: Integrar las metas de sostenibilidad de forma transversal en las estructuras de decisión cotidianas.
Escucha activa: Convertir el diálogo constante con empleados, clientes, proveedores y comunidades locales en un pilar estratégico del negocio.
Transparencia: Reforzar la credibilidad interna y externa mediante una comunicación clara y medible.
Visión a largo plazo: Blindar los proyectos de transformación frente a las presiones del cortoplacismo financiero.
El bienestar como métrica: Situar la salud física y emocional de las plantillas como un indicador clave de la resiliencia y el rendimiento de la empresa.
Capacitación global: Extender los conocimientos y competencias ESG a todos los departamentos de la compañía, no solo al área de sostenibilidad.
Espacios regenerativos: Evolucionar desde el concepto de workplace sostenible hacia modelos de entornos de trabajo regenerativos que generen un impacto positivo neto en su entorno.
Nuevos liderazgos: Invertir de forma decidida en la formación de líderes preparados para fusionar los objetivos de negocio, la innovación tecnológica y el desarrollo sostenible.
*Si te ha resultado interesante este artículo, te animamos a seguirnos en TWITTER y a suscribirte a nuestra NEWSLETTER DIARIA.
Alto Directivo