El ecosistema empresarial global se enfrenta a un cambio de ciclo complejo y acelerado. Las presiones financieras y el debilitamiento de la actividad están pasando factura a los sectores más expuestos a los ciclos económicos.
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Sin embargo, los últimos datos publicados por Coface revelan una marcada dualidad: mientras el entorno internacional se deteriora de forma notable, España muestra una tendencia de resistencia diferenciada, sostenida por el extraordinario comportamiento de su sector primario.
A comienzos de 2026, las insolvencias a nivel mundial se dispararon un 12 % en comparación con el año anterior. En contraste directo con esta tendencia, en España las insolvencias decrecieron un 10,3 % en el mismo periodo, consolidando una posición de mayor estabilidad en el arranque del año.
Aunque el balance general del país es más favorable que el de sus socios internacionales, la brecha entre sectores es evidente. El comportamiento del tejido productivo español se divide entre el alivio del campo y la presión en los servicios regulatorios y logísticos.

El motor de la resistencia: El sector primario (agricultura, silvicultura, ganadería y pesca) lidera el terreno positivo con una drástica reducción interanual del 47,2 % en sus niveles de insolvencia.
Sectores bajo presión: En el lado opuesto, la educación encabeza los incrementos de vulnerabilidad con un repunte interanual del 69,6 % entre 2025 y 2026. Le siguen salud y servicios sociales (+9,4 %), actividades financieras y de seguros (+6,3 %) y el sector de transporte y almacenamiento (+2,9 %).
El impacto económico derivado del conflicto con Irán ha comenzado a trasladarse de forma directa a la actividad comercial global, provocando un aumento en los costes de suministro, volatilidad energética e incertidumbre inversora. Este escenario ha obligado a los economistas de Coface a revisar al alza sus previsiones de insolvencias globales para el cierre de 2026, situándolas en un incremento del 6 %, más del doble de la estimación inicial.
El factor Pyme: Esta coyuntura afecta con mayor severidad a las pequeñas y medianas empresas. Al estar menos diversificadas y más expuestas a las fluctuaciones de tesorería, las pymes disponen de un margen de ajuste muy reducido frente a la compresión de márgenes y el acceso restringido al crédito.

El entorno financiero actual actúa como un factor agravante estructural. A pesar de haber iniciado un ciclo de flexibilización monetaria, los tipos de interés permanecen en niveles elevados tras años de endurecimiento. Las empresas llegan a esta fase con volúmenes de deuda históricamente altos, lo que incrementa exponencialmente su sensibilidad a cualquier cambio regulatorio: un aumento de tan solo 25 puntos básicos en los tipos de los préstamos bastaría para acelerar de nuevo los impagos globales, replicando las tasas de crecimiento de 2025.
Por último, el margen de maniobra de la política pública se ha estrechado notablemente:
El colchón del pasado: Entre 2020 y 2023, las ayudas directas por la pandemia y la guerra de Ucrania contuvieron las insolvencias gracias a un esfuerzo fiscal de entre el 2 % y el 4 % del PIB en potencias como Francia, Alemania, Italia, España y el Reino Unido.
La realidad actual: Los programas de apoyo vigentes en 2026 son mucho más reducidos y focalizados. El plan más amplio registrado actualmente corresponde a España, con apenas un 0,3 % de su PIB.
Al ser intervenciones tan acotadas, la capacidad de los gobiernos para ofrecer un colchón generalizado y contener el repunte de la vulnerabilidad empresarial es, hoy en día, mucho más limitada.
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