La naturaleza del riesgo para las cúpulas empresariales españolas ha experimentado un vuelco definitivo. Los tradicionales temores de carácter financiero o societario han cedido su espacio a amenazas marcadamente operativas, tecnológicas y humanas.
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En este nuevo escenario, la pérdida de datos se ha consolidado como la máxima preocupación para el 92% de los administradores y directivos en España en 2026, una cifra que supera por 16 puntos porcentuales la media registrada a nivel global (76%).
Así lo demuestra la última encuesta Global Directors and Officers 2026, desarrollada por Willis, una empresa de WTW, que radiografía la percepción de líderes de negocio y gestores de riesgos en más de ocho regiones del planeta. El informe revela que los órganos de gobierno en España se sienten cada vez más expuestos a una vulnerabilidad que impacta de forma directa en su responsabilidad personal.
El orden de prioridades de los directivos españoles difiere notablemente del panorama internacional. Mientras que en el resto del mundo la seguridad física y la salud siguen liderando las agendas, en el mercado español la vertiente digital y el control interno penalizan con mayor fuerza la tranquilidad de los altos cargos.
Respecto a este cambio de paradigma, Ulysses Grundey, director de D&O y Riesgo Reputacional en WTW España, analiza la situación:
"El mapa de riesgos para administradores y directivos en España ha cambiado de forma relevante. Los riesgos operativos y tecnológicos han tomado el relevo de los financieros y societarios como principal fuente de exposición, y eso tiene implicaciones directas no solo en cómo se gestionan los riesgos dentro de las organizaciones, sino también en cómo se estructuran las coberturas de protección de los propios directivos".
Uno de los hallazgos más críticos del estudio es la desconexión existente entre lo que preocupa a los líderes y los temas que realmente ocupan el tiempo de los consejos de administración. Se observa una inercia estructural donde las juntas siguen priorizando la estrategia corporativa (62%), el seguimiento financiero (49%) y las inversiones o operaciones de M&A (36%).
Por el contrario, materias tecnológicas fundamentales están perdiendo terreno en el debate diario:
Ciberseguridad: Ha caído drásticamente en la agenda directiva, pasando de un 24% en 2025 a un 15% en 2026.
Inteligencia Artificial: A pesar de su carácter emergente y disruptivo, solo absorbe el 5% del tiempo de los consejos.
Riesgo climático: Ha sufrido un repliegue histórico, descendiendo del 19% en 2025 a apenas un 3% en 2026.
Este desfase no se traduce en ignorancia frente al peligro, sino en una adaptación lenta de las dinámicas de gobierno frente a un ecosistema de riesgos que evoluciona de manera exponencial. Es precisamente en esta brecha de gestión profunda donde suelen originarse las reclamaciones y siniestros de Responsabilidad de Consejeros y Directivos (D&O).
En el ámbito del capital humano, los datos de España vuelven a encender las alarmas con un perfil de riesgo laboral muy específico. A nivel mundial, la preocupación generalizada se enfoca en la salud mental de los trabajadores (40%). Sin embargo, las organizaciones españolas identifican al burnout (síndrome del trabajador quemado) como su principal amenaza con un 48%.
El podio de los riesgos vinculados al talento en España se completa con la gestión del horario de trabajo (45%) y la salud mental (41%). Asimismo, existe una brecha preocupante en la incidencia asignada a las lesiones laborales, considerada un factor crítico por el 34% de los encuestados en España frente a un modesto 18% de la media global.
La Inteligencia Artificial ha dejado de ser una conversación estrictamente técnica para convertirse en un asunto de alta dirección. Para los directivos españoles, la adopción de esta tecnología conlleva amenazas muy definidas:
Fraude e ingeniería social (55%)
Fracaso estratégico en su implementación (45%)
Errores y desinformación generados por modelos de lenguaje (43%)
El factor diferencial de la IA es su doble naturaleza. No solo plantea retos operativos inmediatos, sino que expone la falta de marcos de control interno y estructuras de gobernanza adecuadas dentro de la firma, lo que la sitúa directamente bajo el foco de la responsabilidad de los administradores.
Tendencias globales y el desafío de las coberturas de seguros
Analizado con perspectiva histórica, el riesgo digital se mantiene firme: la pérdida de datos y los ciberataques han permanecido ininterrumpidamente en el top 3 global durante los últimos cinco años. La gran novedad de este ejercicio es la irrupción de los riesgos geopolíticos (59%) en el séptimo puesto global, desplazando por completo a los litigios civiles del mapa de prioridades.
Geográficamente, el mundo se mueve a distintas velocidades: Europa y el Pacífico priorizan la salud; Norteamérica y Gran Bretaña sitúan el ciberriesgo al frente (83%); Asia y Latinoamérica vigilan la pérdida de datos; África teme el incumplimiento regulatorio (89%) y Oriente Medio muestra una sensibilidad extrema hacia la seguridad y salud, con un pleno del 100%.
Ante este ecosistema de amenazas cruzadas, el informe de WTW concluye con una advertencia sobre los mecanismos de defensa corporativa en nuestro país. Las compañías españolas se muestran más reticentes que sus homólogas internacionales a conceder indemnizaciones completas a sus directivos. Al mismo tiempo, crece la incertidumbre sobre si las pólizas de D&O contratadas disponen de límites económicos suficientes para responder a reclamaciones cada vez más sofisticadas.
Ulysses Grundey concluye de forma tajante sobre este reto asegurador: "La pregunta ya no es si las coberturas son adecuadas, sino si seguirán siéndolo cuando de verdad importen. Las organizaciones que anticipen esta reflexión estarán mejor posicionadas para proteger a sus directivos y, en última instancia, a sus propios negocios".
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