El enfoque sobre el bienestar en las empresas está mutando. El HR Business Partner en Goal advierte del peligro de usar la salud mental como una simple herramienta de productividad y pide a los líderes practicar una escucha auténtica que humanice las organizaciones.
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El ecosistema empresarial se encuentra inmerso en una profunda transformación en su manera de cuidar del talento. Si durante la última década la gran obsesión de las compañías fue garantizar la "felicidad" de sus plantillas a toda costa, hoy el foco ha pivotado hacia un concepto mucho más profundo y complejo: la salud mental. Sin embargo, este cambio corre el riesgo de quedarse en un mero lavado de cara si no viene acompañado de una verdadera evolución cultural en las oficinas.
Así lo advierte Stefano Consalvi, HR Business Partner en la compañía Goal, quien alerta sobre el peligro de convertir este nuevo enfoque en una exigencia más de rendimiento corporativo. A través de un análisis del panorama actual de los Recursos Humanos, el experto disecciona las claves para entender qué significa realmente el bienestar en el siglo XXI.
La transición hacia la salud mental surge como respuesta a un modelo anterior que, según Consalvi, acabó desvirtuándose, generando una presión irreal sobre los trabajadores.
Como señala textualmente el directivo: "Durante muchos años, las organizaciones promovieron la idea de que un buen lugar para trabajar era aquel donde las personas se sentían felices, motivadas y comprometidas. Con el tiempo, la felicidad dejó de ser un ideal deseable para convertirse en una expectativa y, en muchos casos, casi en una obligación".

Hoy en día, hablar abiertamente de estrés, agotamiento o ansiedad en la oficina supone un innegable salto cualitativo. Pero Consalvi pone sobre la mesa un nuevo punto ciego: la tentación empresarial de buscar "soluciones exprés" para que la rueda no deje de girar. "El riesgo es reducir la salud mental a la capacidad de recuperarse rápidamente para seguir rindiendo como antes. Trabajar implica, inevitablemente, atravesar frustraciones, incertidumbres, conflictos y límites. Ninguna organización puede eliminar esa dimensión porque forma parte de la experiencia humana", reflexiona.
El verdadero avance, por tanto, radica en normalizar la vulnerabilidad profesional y entender que no existen empleados ilimitados.
¿Qué papel juegan entonces los líderes de equipo y los departamentos de Recursos Humanos? Para el experto, la clave reside en abandonar la reactividad y fomentar espacios seguros donde el profesional pueda comunicar su desgaste sin temor a ser estigmatizado o a que su carrera se estanque.
"Escuchar no es apresurarse a dar una respuesta; es estar dispuesto a dejarse interpelar por lo que el otro tiene para decir", subraya.
Además, este cambio de mirada obliga a las empresas a hacer autocrítica. Cuando los casos de burnout, ansiedad o desconexión se vuelven recurrentes en un equipo, el problema deja de ser del individuo para ser del sistema. "Durante mucho tiempo nos preguntamos: '¿Qué le pasa a este colaborador?'. Quizás hoy necesitemos sumar otra pregunta: '¿Qué nos está diciendo este malestar sobre nuestra organización?'", propone Consalvi. Es decir, el síntoma individual suele ser el reflejo de una cultura corporativa tensionada o de una mala estructura organizativa.
Para el especialista de Goal, una empresa verdaderamente saludable no es una utopía libre de problemas o sufrimiento, sino aquella en la que el empleado no necesita ocultar su cansancio para demostrar compromiso con su trabajo.
"El bienestar no comienza cuando desaparece el sufrimiento, sino cuando existe un entorno donde ese sufrimiento puede ser escuchado, comprendido y tomado en serio", destaca de forma tajante.
A modo de conclusión, Consalvi lanza un último reto a las áreas de Talento, instándolas a ir un paso más allá de los clásicos KPIs de clima laboral o satisfacción: "Quizás haya llegado el momento de preguntarnos si también somos capaces de escuchar aquello que las métricas no alcanzan a mostrar".
En definitiva, la auténtica transformación del mundo empresarial no llegará el día en que las compañías incorporen la palabra "salud mental" a sus discursos, sino el día en que asuman la humanidad, con todos sus límites, como parte indisoluble de su éxito.
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