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Cada año, cuando se acerca el final del verano, se repiten las recomendaciones para afrontar la vuelta al trabajo: recuperar progresivamente los horarios de sueño, evitar sobrecargarse los primeros días, retomar las rutinas poco a poco y darse tiempo para volver al ritmo habitual. Y es que el denominado síndrome postvacacional afecta, según datos recogidos de SEMFYC y otras fuentes especializadas, hasta al 40% de la población trabajadora en España, frente al 8% registrado en 2005.
Aunque dicho fenómeno habitualmente se aborda desde una perspectiva física y relacionada con los hábitos y las rutinas, para Cipri Quintas, experto en Inteligencia Relacional, esta mirada deja fuera una parte importante del problema: las relaciones que esperan al trabajador cuando regresa.
“No cuesta tanto volver al trabajo. Cuesta volver a las relaciones que dejamos sin resolver antes de irnos: la tensión con un jefe, la conversación pendiente con un compañero, el email que se quedó sin responder. Eso pesa más que el sueño”, afirma Quintas.
Desde la perspectiva de la Inteligencia Relacional, la vuelta de vacaciones no debería prepararse únicamente a nivel biológico. También es necesario revisar cómo quedaron las relaciones profesionales antes de desconectar y qué conversaciones pueden estar generando, incluso durante las vacaciones, una resistencia inconsciente al regreso.
La clave está en identificar qué parte de esa cuesta de septiembre tiene realmente que ver con el trabajo y qué parte tiene que ver con determinadas relaciones. Porque no es lo mismo no querer volver a trabajar que no querer enfrentarse a una conversación concreta, a un conflicto pendiente o a una relación que se dejó en una situación incómoda antes de las vacaciones.
Para Quintas, agosto puede ser precisamente el momento adecuado para hacer esta revisión. Con más distancia respecto al día a día, resulta más fácil identificar aquellas situaciones que durante el año se van aplazando y que pueden convertirse en una fuente de tensión cuando llega la vuelta. “Muchas veces confundimos el cansancio de volver con el rechazo a una situación concreta que nos espera. Por eso merece la pena preguntarse qué es exactamente lo que no queremos encontrarnos cuando abramos de nuevo la puerta de la oficina”, explica.
La propuesta no consiste en resolver todas las conversaciones antes de reincorporarse ni en convertir las vacaciones en una sesión de planificación laboral. Se trata, simplemente, de llegar a septiembre sabiendo qué conversaciones existen, cuáles son prioritarias y cómo queremos abordarlas.
Cipri Quintas propone cinco acciones sencillas para preparar la vuelta desde una perspectiva relacional:
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