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Hace una década, un director de operaciones en España llegaba al cargo con una media de 10 años de experiencia profesional; hoy esa cifra es de 20 años, reflejando hasta qué punto el rol del COO ha cambiado y cuánto más se le exige a quien lo ocupa. Esta es una de las principales conclusiones de The New COO: From Efficiency Engineer to Business Orchestrator, el informe elaborado por Oliver Wyman a partir del análisis de más de 20.000 perfiles de COOs en grandes empresas europeas y entrevistas estructuradas con más de 20 directivos de sectores como energía, transporte y logística, aeroespacial y defensa y salud.

Lo que antes era una posición centrada en la eficiencia operativa y gestión de costes se ha convertido en una función que exige liderar simultáneamente la transformación digital, los objetivos de sostenibilidad y la adaptación a un entorno geopolítico cada vez más complejo. Ese ensanchamiento del rol explica que el número de posiciones que un directivo ocupa antes de convertirse en COO haya pasado de 4 a entre 6 y 8 en la última década, y que la permanencia media en el cargo haya subido de 4 a 6 años a nivel europeo.
Esta evolución en el rol de los COO se basa en tres prioridades que se solapan y refuerzan mutuamente, y que marcarán la agenda hasta 2030: primero, el fortalecimiento de las capacidades digitales y la resiliencia mediante tecnologías como IoT, automatización y cadenas de suministro más ágiles; segundo, el despliegue de operaciones sostenibles impulsadas por IA, optimizando recursos y garantizando el cumplimiento de los requisitos ESG y de normativas de datos; y, finalmente, el liderazgo en la construcción de ecosistemas colaborativos, el impulso de iniciativas de descarbonización, el desarrollo de cadenas de valor modulares y la capacitación del talento.
Por otro lado, también han surgido dos trayectorias profesionales claramente diferenciadas para los COO europeos. Una minoría da el salto a CEO generalmente durante los primeros cinco años en el cargo. Sin embargo, cobra cada vez más fuerza una trayectoria de especialización, en la que muchos COO profundizan en su experiencia operativa y asumen la responsabilidad de coordinar ecosistemas que abarcan plantas, socios y plataformas digitales. De hecho, el porcentaje de los COO europeos que da el salto a CEO ha caído del 24% antes de 2015 al 15% actual, y el informe señala que ambos perfiles son cada vez más distintos, y que los datos respaldan esa separación de forma cada vez más clara.
Mientras la tendencia europea apunta hacia una mayor especialización sectorial, el mercado ibérico va en dirección contraria. El porcentaje de COO con experiencia en distintas industrias ha caído en países como Alemania, Francia y Países Bajos en torno a 11 puntos porcentuales en los últimos 10 años. En cambio, en España y Portugal sube 10 puntos porcentuales, hasta el 94%, lo que refleja que el mercado ibérico valora más la experiencia transversal adquirida en distintos sectores, mientras que en otros mercados europeos se prioriza una experiencia más profunda y especializada dentro de una misma industria.
Lo mismo ocurre con la movilidad internacional. En la última década, el porcentaje de COO con experiencia internacional ha caído 10 puntos porcentuales en Alemania, 8 en Francia y hasta 11 en Países Bajos, de modo que actualmente menos de la mitad de los COO de estos países ha desarrollado parte de su carrera en el extranjero. En cambio, en Iberia, el porcentaje de COO con experiencia internacional se ha mantenido prácticamente estable en los últimos 10 años, situándose en torno al 53%.
Por otro lado, la transición de COO a CEO también muestra un comportamiento diferencial en Iberia. Mientras que en Europa la proporción de COO que da el salto al puesto de CEO ha caído del 24% antes de 2015 al 15% actual, en el mercado ibérico ha aumentado del 21% al 24%. Además, el 82% de los COO españoles que alcanzan la posición de CEO lo hace durante sus primeros cinco años de mandato, el porcentaje más alto de Europa.
El COO español ha construido un perfil distinto al del resto de Europa: más experiencia acumulada, mayor apertura a cambiar de sector y una movilidad internacional que no retrocede cuando en otros mercados lleva años cayendo. El mercado ibérico sigue apostando por la versatilidad mientras Europa avanza hacia la especialización.
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