El 'Barómetro de la Movilidad Corporativa 2026' de Joinup evidencia cómo la dispersión de proveedores y el uso de notas de gasto lastran la productividad de las plantillas, disparan los costes y aumentan el estrés laboral.
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Existe una brecha notable entre lo que las organizaciones españolas consideran óptimo y su operativa real del día a día. Aunque un abrumador 97,4% de las compañías reconoce la utilidad de concentrar en una única plataforma los desplazamientos, los costes, la facturación y los indicadores de sostenibilidad, apenas el 27,4% cuenta hoy con un sistema centralizado.
Así lo constata el Barómetro de la Movilidad Corporativa 2026, presentado por la firma Joinup en un análisis sobre los desafíos logísticos, económicos y humanos del entorno empresarial.
El informe refleja que viajar por motivos laborales no es un hecho excepcional, sino una rutina consolidada: el 71,6% de las organizaciones realiza trayectos a diario o varias veces por semana. Pese a este volumen, los procesos continúan fragmentados: un 35,7% de las empresas opera con múltiples proveedores simultáneos y un 23,3% sigue gestionando los traslados a través de notas de gasto y reembolsos, un modelo tradicional que penaliza tanto la agilidad operativa como el control presupuestario.

La dispersión de herramientas pasa una factura directa a la cuenta de resultados y a los equipos. Para el 58,7% de las compañías, el principal perjuicio de una movilidad descoordinada radica en el encarecimiento de los servicios y la pérdida de control financiero. Muy de cerca figuran el consumo excesivo de tiempo administrativo (49,1%), el deterioro de la experiencia de empleados e invitados (44,7%) y el aumento del estrés laboral (43,1%). En conjunto, la mitad del tejido corporativo (50,3%) admite que su operativa de desplazamientos funciona, pero cargada de fricciones constantes.
Esta ineficiencia impacta directamente en las jornadas de los profesionales:
El 77,6% de los trabajadores dedica al menos 15 minutos semanales a tramitar, justificar u organizar sus desplazamientos de trabajo.
Un 38% invierte media hora o más cada semana en estas labores puramente burocráticas.
Las principales fuentes de tensión durante los traslados se concentran en la resolución de incidencias en ruta (36,9%), la preocupación por no llegar a tiempo a compromisos clave (34,6%) y los fallos de coordinación interna entre equipos (33,6%).

A la hora de buscar soluciones, el consenso sobre el modelo deseado es casi absoluto: tanto las empresas (97,4%) como los propios profesionales (97,2%) reclaman la unificación de reservas, costes, facturas y métricas ambientales. Entre las prestaciones prioritarias figuran:
- Monitorización detallada del gasto por empleado, departamento o centro de coste (42,1%).
- Facturación unificada (41,9%).
- Acceso integral a múltiples servicios desde una única interfaz o aplicación (41,7%).
El escenario real, no obstante, marcha a otro ritmo. En la actualidad, únicamente el 16,1% de las empresas dispone de una factura mensual consolidada con un solo proveedor, mientras que el 20,3% continúa obligando al trabajador a adelantar el dinero de su propio bolsillo. Este retraso en la adopción responde, fundamentalmente, a la complejidad técnica percibida al integrar nuevas plataformas con los sistemas informáticos internos (25,1%) y a las limitaciones en las partidas presupuestarias (23,1%).
Pese al empuje de la automatización y la digitalización, la atención personalizada se mantiene como un requisito insustituible. Un 94,2% de los profesionales califica de prioritario contar con soporte humano ininterrumpido (24/7) para solventar cualquier imprevisto durante el viaje. En cuanto a las exigencias directas del servicio, la disponibilidad y rapidez de respuesta (58,2%), la puntualidad rigurosa (55,2%) y la garantía de seguridad y confort (52,2%) encabezan las demandas.
La convergencia final se sitúa en la experiencia del empleado como palanca estratégica. Si bien las organizaciones enfocan la centralización hacia el control del gasto y la visibilidad de datos, y los profesionales priorizan la cobertura y disponibilidad de transporte, ambos polos coinciden en que optimizar este proceso repercute directamente en el bienestar de las personas. La movilidad corporativa abandona así su perfil puramente logístico para consolidarse como un engranaje clave de retención del talento, eficiencia financiera y sostenibilidad operativa.
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