El aprendizaje permanente permite que la ciudadanía mantenga su empleabilidad, transforme conocimientos en acción y genere un impacto real en su entorno profesional y social.
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En un mundo cada vez más conectado, los ciudadanos enfrentan nuevos retos que requieren habilidades críticas, digitales y sociales. El programa estratégico de la Década Digital de la Unión Europea busca garantizar que el 80% de los adultos cuente con al menos las competencias digitales básicas para el 2030.
No obstante, los datos de la Comisión Europea reflejan un desafío aún mayor: el 90% de los empleos ya requieren competencias digitales básicas, y el 35% de la población activa carece de ellas. Frente a este reto, ODILO, edtech española que transforma la manera en que las personas y las organizaciones aprenden en un entorno digital único, ha identificado 5 razones para preparar a la sociedad frente a los desafíos digitales del siglo XXI y hacer de la formación ciudadana un factor estratégico de empleabilidad.
En un escenario en el que las interacciones sociales son cada vez más digitales y la información se multiplica a cada instante, la formación ciudadana se vuelve esencial para evitar el aislamiento. Aprender a participar de manera responsable en redes y comunidades digitales, interpretar y contrastar información, y desenvolverse con autonomía en el entorno digital son habilidades clave para ejercer una ciudadanía activa.
Iniciativas como Madrid Aula Digital, un portal de formación ciudadana orientado a reducir la brecha digital en la Comunidad de Madrid, proporcionan recursos para fortalecer competencias tecnológicas, fomentar la alfabetización digital y garantizar que la tecnología sea una herramienta de libertad e inclusión ciudadana.

Más allá de garantizar una participación activa en la sociedad moderna, la capacitación en competencias digitales actúa como un catalizador estratégico para la empleabilidad. El acceso a experiencias personalizadas en un entorno digital único permite a los ciudadanos no solo adaptarse a las disrupciones de la economía, sino liderar procesos de innovación desde sus puestos de trabajo.
Asimismo, esta formación consolida competencias transversales (como las soft skills, la ética y la resolución de problemas complejos) que hoy representan la base del desarrollo del talento en cualquier organización, ya sea en la empresa privada, la Administración Pública o el ámbito del emprendimiento social.
En una sociedad que vive cambios estructurales casi a diario, el aprendizaje permanente es ya una necesidad. El modelo educativo tradicional, limitado a las etapas escolar y universitaria, ha quedado superado por una realidad donde la aceleración tecnológica y la velocidad de las transformaciones sociales exigen que la formación sea un proceso continuo.
Para dar respuesta a este enfoque de aprendizaje a lo largo de toda la vida es necesario contar con plataformas que integren diversidad de formatos adaptadas a todos los públicos, incluyendo experiencias formales, proyectos comunitarios, mentorías y recursos multiformato, entre otros. Con este modelo los ciudadanos logran un desarrollo de competencias constante, transformando el conocimiento en un impacto tangible y en acciones concretas que impulsan tanto su progreso social como su excelencia profesional sin importar el momento vital en el que se encuentren.
La comunidad educativa está evolucionando hacia entornos híbridos y escalables. Universidades corporativas y escuelas de negocio están replicando este modelo de "ciudadanía digital" para avanzar en la formación profesional. Gracias a itinerarios flexibles adaptados a distintos ritmos, los usuarios pueden aplicar lo aprendido de manera inmediata en sus proyectos y comunidades, incentivando su integración en todos planos.
El verdadero valor de formación ciudadana no es individual: reside en el impacto social. Espacios de aprendizaje colaborativos, plataformas digitales que fomentan la participación y los proyectos de acción comunitaria impulsan a las personas a compartir conocimientos, a generar comunidad y desarrollar habilidades sociales y digitales al mismo tiempo. Un enfoque formativo que fortalece la cohesión social y convierte al ciudadano en un agente activo de transformación y progreso.
Según apunta Ainhoa Marcos, VP Education & Public Sector de ODILO: "La formación no es exclusiva de los jóvenes. Es un valor para toda la ciudadanía que no se limita a la adquisición de conocimientos. Es un proceso continuo, adaptativo y con impacto real para todas las edades. La integración de tecnología, colaboración y aprendizaje a lo largo de toda la vida nos convierte en un motor de innovación, resiliencia y personas con una participación social responsable".
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