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Aprendizajes para el liderazgo: asumir responsabilidades, organizar de forma clara y ser influyente, aspectos clave en todo buen líder

Cuarto 'capítulo' de la serie 'Las tablas de la Ley: Aprendizajes para el liderazgo'

POR Javier Martín de la Fuente, CEO de Grupo Persona, 30-04-2020 09:00:00

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Liderazgo

Esta es la tercera entrega de mis sinceras y humildes reflexiones sobre los aprendizajes para el liderazgo que la situación provocada por la COVID 19 me está dejando. Como he dicho en alguna ocasión, más allá de la crítica, trato de hacer una reflexión sobre la oportunidad que se nos brinda para ser mejores líderes, de los demás y, sobre todo, de nosotros mismos.

Ha transcurrido más de un mes desde la primera reflexión y la realidad se vuelve tozuda. Cuando me siento a escribir, recuerdo los últimos acontecimientos y veo que se persiste de manera contumaz en no aprender. Lo contrario a un aprendiz no es un maestro, por muy rápido que nos venga el paralelismo a nuestra mente, lo contrario a un aprendiz es simple y llanamente un necio, NECIO con mayúsculas.

En tiempos de dificultades sanitarias, la necedad se cura leyendo, compartiendo y reflexionando, manteniendo una mentalidad abierta. Por cierto, el mundo cambiará, seguro, pero precisamente para potenciar competencias como la colaboración, la creatividad, la intuición y la imaginación. El necio por lo general, ni colabora, ni crea, ni intuye y, desde luego no se imagina la que se le viene encima. (Perdón por lo coloquial de la frase)

Hoy, siguiendo las figuradas tablas de la ley quiero profundizar, ligeramente, en tres principios bien conocidos, aunque no tan bien interpretados: la responsabilidad, la claridad y la acción.

Octavo mandamiento. Asume la responsabilidad en los errores. Crea confianza

La responsabilidad, siguiendo la práctica ontológica, no es más que la capacidad de responder con habilidad a algo. Por lo tanto, el verbo, en su forma reflexiva, ser responsable, no significa nada más que actuar con habilidad para responder a una situación o a un objetivo. El líder conlleva la cualidad de la responsabilidad y, cuando la falta de habilidad para responder a una situación aparece, aquella se pierde. Cuando el líder enfrenta una situación siempre puede ser responsable, pues está en su decisión rodearse de las personas que sean capaces y contengan la habilidad necesaria para ello.

Por el contrario, el no ser responsable no significa que el líder no tenga nada que ver con el tema tratado sino, más bien, que no se ha sido capaz ni de responder, ni de encontrar la respuesta, incluso de no haber percibido tal situación. Esta situación genera en la gestión de personas una profunda frustración, ya que cada uno de nosotros (los liderados) aún sin ser embestidos con la capa del poder pensamos y somos capaces de imaginar la respuesta (todos, los que pensamos, llevamos un líder en nuestro interior) Desde esa frustración rompemos el triángulo de la confianza, juzgando que nuestro líder o no sabe, o no es sincero, o no es transparente. El líder debe asumir con responsabilidad sus errores pues de ello depende la acción de liderazgo, no sea que pierda a sus seguidores.

Noveno mandamiento. Genera organizaciones claras, diáfanas y entendibles: se simple

La claridad, el entendimiento, son conceptos dados a la interpretación y, por ello no se pueden construir desde los pensamientos del líder, sino desde los pensamientos de los liderados. Lo que para un líder es una organización clara, para el liderado puede ser un conflicto de intereses, donde la oscuridad cubre a la luz. La interpretación se autoajusta, razón por la que las decisiones organizativas deben de mantenerse en el tiempo, aún cuando los liderados no las interpreten igual. Cambiar constantemente de decisiones, sin el apalancamiento sobre los resultados obtenidos en cada una de ellas, aboca irremediablemente a la confusión y a más interpretaciones. Se entra de esta manera en una faceta destructiva del liderazgo, que podría decir, es autodestructiva.

El líder lejos de imponer sus criterios organizativos, o de toma de decisiones, se caracteriza por explicar el qué, cómo, cuándo y para qué va a hacer algo, sin adornos, ni florituras. Cuanto más se habla más se yerra, cuanto más se aclara más se oscurece. El verdadero liderazgo se ejerce desde líneas sencillas y, las líneas sencillas son las que requieren poca explicación, lo que no significa que no se tenga la obligación de explicar y compartir.

Décimo mandamiento. Nada ocurre por simplemente decirlo, se influyente

El líder que piense que, por el hecho de escribir su voluntad en un comunicado, en un plan estratégico o en el B.O.E. todo ocurre, ya puede ir quitándose el sustantivo o al menos, añadir el adjetivo mal, a su sustantivo. Las situaciones de emergencia, como la provocada por la COVID-19 demuestran la necesidad de movilización de todos los recursos inmersos en las respuestas. No porque una persona con poder lo diga y lo escriba algo sucede, todo lo contrario, puede, como ha ocurrido, que se consiga el efecto contrario. Cuando se entiende el liderazgo como la jefatura de un ejército se tiene alguna posibilidad de conseguirlo, pero ni nuestra sociedad está militarizada, ni nuestras organizaciones (públicas o privadas, con ánimo de lucro o sin él) tienen como imagen la estructura militar para ser eficientes. La obediencia ciega en decimonónica e ineficiente, demostrado a lo largo de las últimas décadas.  Esto nos lleva a que la única forma de ser rápido en la puesta en marcha de una decisión, es la de movilizar a todos los implicados. Se es líder porque se consiguen movilizar los recursos necesarios, y en la mayoría de los casos, la voluntad de las personas implicadas. En una sociedad con un nivel cultural avanzado, desarrollada en los principios de libertad y de librepensamiento, liderazgo significa influir y nunca mandar.

En la próxima entrega, reflexionaré sobre los dos mandamientos que resumen los aprendizajes, deseo poder poner el acento en ejemplos de liderazgo que demuestren los aprendizajes, para ello solo habrá que dejar a un lado los egos personales, los intereses ocultos y centrarnos, de verdad, en el objetivo.  El objetivo en la pandemia provocada por la COVID-19 no es otro que liderar de acuerdo con las tablas de la ley del liderazgo, el resultado, en este caso, será el de vidas salvadas.

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